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22 ago. 2012

El fenómeno de las óperas primas


Creo que para nadie es un secreto que no sólo estamos en la era de los escritores jóvenes, también en estos tiempos se da el fenómeno de que la primera obra de un escritor, aunque sea pésima, puede ser un súper-ventas.
No digo que por fuerza un escritor joven tenga que hacer de su primera obra un fiasco. Se dan casos en que los debutantes sorprenden. Algunos tienen un gran talento y logran pulirse en muy pocos años, de tal manera que a los veintitantos ya pueden escribir obras de sorprendente calidad. Por otro lado, no podemos olvidar que la literatura es una forma de expresión y que como tal se perfecciona con el tiempo. Quien a los treinta escribe muy bien, casi con toda seguridad a los setenta, si llega, lo hará sorprendentemente bien.
Pero eso de escribir bien siendo joven en el pasado no acarreaba muchas ventajas. La crítica siempre fue renuente a alabar a los escritores jóvenes.  Aunque las cosas tarde o temprano tenían que cambiar. De un tiempo para acá, o de Harry Potter para acá -aunque muchos se regresan hasta El perfume-, una primera obra puede ser un verdadero fenómeno en ventas.
Me atrevería a decir que para muchos escritores su gran problema radica en que ya han publicado varias obras y en que no son jóvenes. Viven encasillados en tirajes de 2.000 a 5.000 ejemplares, que se venden en varios años. Y de allí no pasan.
Por el contrario, hay jóvenes de veintipico, o más jóvenes como es el caso de Christopher Paolini, que arrancan vendiendo más que el mismísimo Cervantes, dejando a viejos académicos y escritores con larga trayectoria con el ojo cuadrado y la bilis al límite.
¿A qué se debe este fenómeno que ha replanteado, en la última década, al mundo editorial? Las razones son varias. Pero creo que todas se desprenden del patrón que indica que el libro del que se habla mucho es el que vende mucho y viceversa. El grueso de los lectores en el mundo hoy en día son jóvenes, siendo los intelectuales una minoría. Los jóvenes tienden a seleccionar sus lecturas guiados por sencillas reglas: que al libro lo envuelva algo raro, que se hable mucho de él y que tenga elementos que lo hagan distraerse de la difícil etapa de la vida en que se encuentran.
Conseguir eso no es muy difícil, y quien lo dude que analice el gran esfuerzo intelectual que hizo Stephenie Meyer para crear su ópera prima. Desde ahí, y desde poco antes, los editores comprendieron que sólo tenían que buscar un libro nuevo, con algo de misterio -y un autor desconocido brinda eso en gran medida-, e invertirle cuanto dinero pudiera la editorial en su promoción. El resultado, aunque el libro sea pésimo, que los hay, es un éxito en ventas casi seguro.
Así que si en estos tiempos alguien quiere hacerse rico vendiendo libros, lo mejor no es que sea un escritor de trayectoria y doctor en literatura, lo mejor es que sea joven, guapo o guapa, según el caso, tenga un nombre raro y escriba una obra también algo rara, con un poquito de originalidad. Si logra hacerla un poco famosa, lo demás caerá como cascada y tendrá el porvenir asegurado.

2 comentarios:

  1. Ademas no veas con la sobervia y la poca autocritica que se andan estos escritores!!

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    1. y que nadie se ofenda... que he generalizado pero no quiero decir que sean todos... yo solo hablo por un par de casos que me he encontrado

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